El continuo avance de la tecnología y el crecimiento exponencial del número de "relaciones personales digitales" que nos vemos obligados a desarrollar, tanto en la academia como en el área laboral, exige una evolución y educación en torno a las reglas comunes de respeto que se aplican a la esfera cibernética.
Al decir "relaciones personales digitales" me refiero a todas aquellas personas a las que nos vemos obligados a escribirle e-mails, enviarle documentos o conversar con ellos por medio de la computadora. Estas relaciones deben asimilarse en todo lo posible a las que tenemos de manera "real" en el mundo tangible. Es decir, los mismos cuidados que tomamos al expresarnos y el respeto que tenemos que mostrar ante nuestros mayores y supervisores es lo que debemos aplicar a la comunicación digital.
Pero acordarnos del respeto es sólo el pricnipio. La comunicación digital no es perecedera, no "se la lleva el viento", como solemos decir en cuanto a las palabras. Por lo general, todo lo que enviamos en formato digital se almacena, se retiene evidencia de su existecnia y puede convertirse en documento tangible y adquirir peso legal. Por lo tanto, las comunicaciones digitales deben ser revisadas dos veces para evitar que se dañe nuestra imagen el cometer errores gramaticales o enviar el documento equivocado, por mencionar algunas vicisitudes.
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